Dietas milagrosas

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La dieta disociada de Hay, la dieta Atkins, la dieta de la clínica Mayo, la dieta del grupo sanguíneo, la dieta de la Luna…¿qué tienen en común todas las dietas milagro? ¿Cómo podemos reconocerlas?

Ninguna de estas dietas promueve una alimentación sana y equilibrada, sino que inducen a una restricción de energía muy severa (eso sí, “sin esfuerzo”). El objetivo de estas dietas es fundamentalmente sacar provecho económico prometiendo más de lo que saludablemente se puede hacer (básicamente adelgazar más rápido de lo que cualquier dieta equilibrada te puede ofrecer). Además, suelen utilizar una terminología científica a pesar de que sus conclusiones no son avaladas ni por ciéntificos ni por profesionales del campo de la nutrición.

¿Quieres saber más sobre las dietas milagro?

Hay una serie de características que comparten la mayor parte de las dietas milagrosas. Son las siguientes:

  • Prometen una pérdida de peso rápida (más de 5 kg por mes).
  • Se pueden llevar a cabo “sin esfuerzo”.
  • Se anuncian como completamente seguras para la salud, y en muchas ocasiones, como si alguna premisa científica los avalase.

Así, si ves información sobre alguna dieta que prometa algo de lo anterior (especialmente los dos primeros puntos), desconfía. Si dudas sobre llevar a cabo alguna dieta siempre debes acudir a un médico o nutricionista para que te informe sobre tus necesidades y los riesgos de cada dieta.

Y es que las dietas milagrosas, a pesar de que se anuncian como completamente seguras, no lo son en absoluto. Algunas de sus consecuencias son las siguientes:

  • Provocan deficiencias de proteínas, vitaminas y minerales.
  • Producen efectos psicológicos negativos e incluso trastornos del comportamiento alimentario (como la anorexia o la bulimia).
  • Favorecen el efecto rebote.

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Uno de los problemas fundamental de este tipo de dietas es que consiguen la disminución de peso no a través de la destrucción de tejido graso, sino a través de la destrucción de masa muscular.

Al inducir a una restricción calórica extrema, el organismo reacciona compensando la falta de energía recibida con un aumento de la destrucción de las proteínas corporales, como fuente alternativa de energía, lo que provoca una pérdida de masa muscular, que, unida a una pérdida de agua (cuando se refuerza con el consumo de diuréticos) hace que la bajada de peso sea espectacular.

Pero claro,  la disminución brutal en la cantidad de calorías ingeridas provoca cambios metabólicos, ya que estas situaciones de las situaciones de cuasi ayuno ponen en marcha potentes mecanismos nerviosos y hormonales que se oponen a la pérdida de peso: mayor rendimiento del metabolismo corporal, con un mayor ahorro energético e incremento del apetito. Por lo que la recuperación de peso es inmediata en cuanto se comienza a comer de nuevo una cantidad “normal”, y lo que es peor, el peso perdido a través de la destrucción de masa muscular se gana a través de el aumento de la masa grasa.

Aunque muchas de estas dietas proclaman que se puede comer de todo pero de otra manera (por ejemplo, las disociativas), la verdad es que la pérdida de peso solo obedece a la disminución de energía ingerida y nunca a la manera de comer. (Cada alimento tiene un número de calorías y eso no cambia por cómo lo combines).

Como ya hemos dicho muchas veces, la única manera de perder peso de una forma constante y saludable es a través del cambio en las rutinas de alimentación. Es cierto que cuando uno tiene un problema de sobrepeso debe disminuir su consumo de energía (porque está consumiendo más de la que puede quemar), pero nunca hasta el limite de prescindir de los nutrientes necesarios y siempre respetando la necesidad de comer de todos los grupos alimentarios.

Si quieres adelgazar, consulta con un médico. Y no olvides que el objetivo no es perder 10, 20 o 30 kg, sino aprender a comer de una forma equilibrada que hara que nuestro peso ideal se mantenga a largo plazo y que nuestra salud también.

¿Has seguido alguna vez una dieta milagro? ¿Cuál?

Vía: Aesan

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