La fructosa de zumos y refrescos engorda y favorece la obesidad

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Beber demasiados refrescos azucarados con fructosa deteriora el ajuste energético del cuerpo y provoca, a la larga, alteraciones metabólicas en el organismo y obesidad.

¿Cuántos son demasiados refrescos? El problema de este tipo de productos es que están plenamente integrados en nuestra vida, y no es raro beber un zumo de naranja (no natural) todas las mañanas. Porque igual si hablo de refrescos tú te imaginas sólo bebidas gaseosas, pero todos los zumos de frutas envasados llevan altas dosis de fructosa. ¿Cuál es el problema con este azúcar?

La voz de alarma saltó hace ya algunos años, y desde entonces se han realizado diferentes estudios sobre este tema. La conclusión a la que llegan es que la fructosa afecta al funcionamiento de la leptina, que es la hormona encargada de decirnos si tenemos hambre o no.  ¿Qué quiere decir esto? Normalmente, si comemos mucho en una comida, en la siguiente tendremos menos hambre y comeremos menos. Con el consumo de fructosa desaparace la sensación de saciedad, lo que nos lleva a comer de forma descontrolada.

Y no sólo eso, porque además, el cuerpo metaboliza la fructosa de manera diferente al resto de los azúcares, de modo que eleva los triglicéridos en la sangre y produce un exceso de energía que el organismo se ve incapaz de quemar. A largo plazo, eso lleva al sobrepeso.

La fructosa es el azúcar de la fruta, y se usa habitualmente para endulzar zumos y refrescos. Tradicionalmente, se creía que era un azúcar beneficioso, ya que su ingesta no aumenta la producción de insulina (a diferencia de otros azúcares). El problema en zumos y refrescos es que aparece concentrada -aproximadamente 2 litros de zumo envasado equivale a los niveles de fructosa de 20 litros de zumo natural- por lo que sus efectos se multiplican.

No es cuestión ahora de obsesionarse con la fructosa, pero sí sería positivo vigilar el consumo que hacemos de refrescos, y especialmente, el que hacen los niños, pues la alteración metabólica resulta más grave en ellos. Así que cambiemos el zumo envasado de las mañanas por un zumo natural -o incluso mejor por una naranja, pues la fructosa en alimentos sólidos no resulta perjudicial-; nuestro cuerpo nos lo agradecerá.

Vía: Europa Press

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