Mantener el peso

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Casi más difícil que bajar peso, es mantenerlo. Mucha gente adelgaza a través de dietas excesivamente bajas en calorías, consolándose pensando en las golosinas que se va a tomar cuando por fin alcance el peso deseado. Ese es el camino más rápido para provocar un efecto rebote, y para entrar en un círculo eterno de ahora dieta ahora excesos ahora dieta ahora excesos. Y no, no es la opción más sana.

Así que si has perdido peso y lo quieres mantener, lo hayas hecho bien o mal, es el momento de seguir unas pautas para no recuperarlo. El objetivo es cambiar los hábitos erróneos por otros más saludables, sin restricciones ni sacrificios, simplemente acostumbrando al cuerpo a desear lo que necesita, y no más.

Es posible, no lo dudes. ¿Quieres saber cómo?

1. No tomes más calorías de las que puedes quemar

Tu metabolismo y tu nivel de actividad dictarán cuantas calorías necesitas al día. Si tomas más, inevitablemente volverás a coger peso.

¿Cómo saber cuántas calorías precisas? La experiencia te irá diciendo si lo que estás comiendo está bien o es demasiado. Si comienzas a subir kilos, está claro que está comiendo más de lo que necesitas.

Puede ser injusto, pero si eres una persona tendente a engordar no puedes llevar el ritmo de alimentación de una persona con un metabolismo rápido, así que no compares con los demás y pienses «pero si no como tanto». Mira a tu cuerpo y él te dirá lo que necesitas.

Evidentemente, puedes comer más que cuando estabas a dieta, ya que no necesitas bajar peso, solo mantenerlo.

2. No te saltes comidas

Aunque cometas un exceso un día, no lo arregles pasando de la comida siguiente. A la larga, puedes ralentizar tu metabolismo y que te cueste aún más quemar las calorías que ingieres. Una opción nada tentadora.

Además, comer a tus horas te ayuda a llevar una alimentación ordenada y más sana.

3.  No renuncies a nada, pero come con cabeza

No tienes que renunciar a postres y dulces, ya que comer debe seguir siendo un placer. El objetivo no es mantener una dieta estoica, sino seguir unos hábitos permanentes que sean saludables.

Si te apetece un helado comételo, pero no lo hagas por vicio si realmente no tienes hambre. Y sobre todo, trata de compensarlo con, por ejemplo, una cena más ligera.

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4.  Evita comer por estrés

Cuando te notes ansios@, presta especial atención a lo que comes. No te acostumbres a devorar para sentirme mejor, o te será muy difícil acabar con esa rutina.

5. Planifica las comidas y haz la compra con lista

Para llevar una dieta equilibrada, lo ideal es pensar en avance qué platos vas a preparar a lo largo de la semana (al menos antes de ir al supermercado). Así no te sorprenderás tomando tres días seguidos tortilla porque lo único que quedan en la nevera son huevos. Busca platos sanos que disfrutes y fuerzate a comer de todo. Si eres un poco repugnante, alterna comidas más disfrutables con otras más necesarias, pero piensa que en todos los grupos alimentarios tiene que haber cosas que te gusten.

Vete al supermercado con una lista y no te pases con los caprichos. Puedes comprar una tableta de chocolate, o unos cacahuetes con miel, pero no llenes el carrito de productos innecesarios que, si los tienes en casa, acabarás comiendo.

6. Cocina

La pereza y cierta ineptitud están llevando a muchos jóvenes a alimentarse exclusivamente de pasta, ensaladas y precocinados (lo último, especialmente negativo para la salud). Procura que los alimentos que ingieras sean lo más naturales posibles. Los congelados, precocinados y muy elaborados contienen azúcares y grasas añadidas que te añaden calorías extra aunque pienses que estás comiendo poco.

No hace falta que tus platos sean originales y megaelaborados, pero es fundamental que sepas cómo cocinar platos simples, variados y sanos. Saber cocer, freir, hornear y saltear es básico. Alternar esos modos de cocinar también.

7. Come en familia

Si vives sol@, evita comer delante del televisor, comerás más. Si vives en familia, lo ideal es hacer las comidas juntos -y también libres de televisión-, especialmente si tienes hijos (en este caso más para que ellos aprendan a comer que para que tú mantengas tu peso). Cuando comemos con gente solemos respetar más los horarios, y hacemos de esos momentos algo muy agradable y placentero que no se centra sólo en el acto de comer. Eso sí, no te dejes llevar por otros familiares si ellos necesitan comer más que tú.

8. Haz ejercicio

Esto es fundamental para poder darte ciertos caprichos y que no pasen factura a tu línea. Y ya no es sólo ir al gimnasio, cuanto más activa sea tu vida, menos te tendrás que preocupar por tu peso. Si tu trabajo es sedentario, encárgate de que tu tiempo de ocio no lo sea: vete andando al trabajo, a jugar al tenis al salir y a nadar a la playa los fines de semana.

Una sesión de ejercicio diario supondrá un empujón impresionante para tu metabolismo y te ayudará a quemar las grasas acumulada, especialmente si hasta este momento te mantenías más inactiva. Ir al gimnasio dos días a la semana, y dar un paseo todas las noches después de cenar pueden sup0ner un cambio significativo y no es que vayas a morirte del esfuerzo, ¿no?

¿Qué haces para mantenerte en tu peso? ¿Cuáles son los mayores desafíos?

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