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Vuelta al cole saludable

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La semana pasada ha comenzado el curso tras el largo verano y este es un buen momento para recordar cuáles son los riesgos de volver al cole y cómo podemos combatirlos.

En general, los primeros años de colegio -y guardería- son una sucesión de infecciones -un niño tiene un día un resfríado, al día siguiente lo tienen cinco y al siguiente media clase no puede asistir al colegio. Se trata de procesos víricos que no revisten mayor gravedad y que tampoco se pueden evitar.

Otros problemas más graves son los problemas de espalda que se pueden derivar por llevar excesivo peso en la mochila o las hábitos inadecuados de alimentación que se originan con el cambio de las rutinas.

Hágamos un rápido repaso de todo esto:

1. Enfermedades víricas

Un grupo de niños en un aula es un caldo de cultivo para todo tipo de gérmenes causantes de enfermedades infantiles, ya que los virus se transmiten entre ellos con gran facilidad, debido a  que su sistema inmune no está todavía maduro. Estos procesos sirven, sin embargo, para fortalecerlo, y aunque no suelen revestir gravedad hay que controlarlos, y, por supuesto, acudir al pediatra en cuanto aparecen los síntomas.

Las enfermedades víricas más frecuentes en los colegios son, por este orden, resfriado, gastroenteritis, conjuntivitis, faringitis y mononucleosis, y todas ellas resultan más graves en adultos que en niños.

También son frecuentes el sarampión y la varicela.

En general, todas estas infecciones son dificiles de evitar si algún niño de su clase cae enfermo, ya que se contagian antes de que aparezcan los síntomas. Eso sí, para prevenir enfermedades en general, conviene que el niño tenga al día todo el calendario de vacunación y que siga una alimentación equilibrada rica en vitaminas y minerales.

2. Los piojos

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Hoy en día, muchas veces, pecamos de confianza, pensando que lo de los piojos es cosa del pasado. Sin embargo, sigue siendo un problema frecuente en niños en edad escolar, sobre todo entre los 6 y los 10 años.

Los piojos son unos  insectos que viven entre los cabellos. Tienen de 2 a 4 mm de longitud, y son de color grisáceo, sin alas. Se alimentan de la sangre que chupan de la piel de la cabeza cuando pican a las personas, y se reproducen rápidamente; cada hembra pone de unos cien a trescientos huevos, llamados liendres, que son de color blanco y están fuertemente adheridos a la base del cabello. Hacen falta de 7 a 10 días para que se incube el huevo y se desarrolle la larva.

Se contagian por contacto y producen un picor intenso del cuero cabelludo.

Pasan muy fácilmente de una cabeza a otra, por eso es fundamental tomar algunas medidas de prevención esenciales:

  • Revisar con frecuencia la cabeza de los niños, sobre todo detrás de las orejas, en el flequillo y en la nuca.
  • Lavarles la cabeza dos o tres veces a la semana.
  • Peinarles el pelo a diario y lavar los peines y cepillos con cierta frecuencia.
  • No compartir los útiles de limpieza personal.

Normalmente, podemos intuir la presencia de piojos si el niño se rasca insistentemente la cabeza, o si avisan de la escuela que se ha producido una infestación.

3. Problemas de sueño.

A veces como consecuencia de un excesivo agotamiento acumulado a lo largo del día, puede producirse un sueño irregular durante el cual el niño se muestra muy inquieto. En los más pequeños se puede manifestar este problema como un despertar frecuente con lloros.

Los niños necesitan dormir más que los adultos -alrededor de nueve horas-, por lo que ahora que se ha adelantado la hora de levantarse, también se debe adelantar la de acostarse. Aunque los primeros días le cueste dormir a la nueva hora conviene mandarlo a la cama igual, al cabo de un tiempo, el sueño acumulado hará que se duerma de inmediato. Puede ayudar el adelantar todas las actividades rituales previas (baño, cena), para que el niño vea lógico irse ya a la cama.

Además, ante el inicio del cole por primera vez, o un cambio de colegio, algunos niños pueden presentar problemas de sueño debido a los nervios. Conviene crear un ambiente relajado antes de irse a la cama, evitando actividades excitantes como la televisión. Al igual que en el primer caso, esto se arregla en cuanto pasan un par de semanas.

Si al cabo de esas semanas tu hijo no duerme como debería conviene llevarle al pediatra. La falta de sueño continuada tiene consecuencias relevantes en la salud de los más pequeños.

4. Mochilas demasiado pesadas

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Libros, cuadernos, estuches… muchos niños van al cole demasiado cargados y eso puede provocarles problemas posturales, así como dolores en cuello y espalda.

El peso de la mochila no debe suponer más del 10% del peso del niño (para un niño que pese 35 kg, el peso máximo de la mochila sería de 3’5 kg). Sin embargo, en la actualidad es habitual que lleven hasta un 30% del peso.

Conviene evaluar la necesidad de llevar todo lo que lleva en la mochila (quizás pueda dejar algunos libros en el colegio, o prescindir del estuche metálico y llevar solo un lápiz y un boli). Otra buena idea es comprarle un carrito con ruedas adaptado a su altura.

5. Desayunos inadecuados

Con la llegada de las rutinas invernales y los estreses mañaneros muchos niños  dejan de desayunar o lo hacen rápido y mal. Esto es todavía más frecuente a medida que el niño crece.

Se trata de un gran error, no desayunar es grave para adultos y pequeños, pero en estos últimos las consecuencias son más evidentes. Los niños que desayunan mal tienen peor rendimiento escolar, así como más debilidad general. Si al llegar el desayuno se te echa el tiempo encima, quizá convenga poner el despertador 10 minutos antes ;).

Es recomendable que el desayuno se haga en casa, sentados a la mesa y por un tiempo de al menos 15 minutos. El desayuno ideal consta, como ya sabes, de fruta, hidratos de carbono (como cereales o pan) o lácteos.

¿Estáis preparados para la vuelta al cole?